epígrafe

Jesús es la respuesta
siempre y cuando
la pregunta no sea
cuál es el peso atómico del cadmio.

–Ángel Ortuño.

9 de septiembre de 2010

Anti-advertising guerrilla 7




Z entra temprano a trabajar; el perfume de las mujeres se mezcla con el olor de los escapes que se cuela por la puerta abierta del microbús; el frío de la mañana arde en los ojos.
Z pasa las primeras tres horas del día en una junta donde la misma información se repite con otras palabras cada 15 minutos, siente ganas de orinar.
Cuando la junta por fin termina, Z corre a los baños y encuentra el de hombres con un letrero de FUERA DE SERVICIO, hace un rápido cálculo mental del tiempo que le tomaría subir al del siguiente piso y decide entrar al de mujeres.
El primer problema con el que se encuentra es que no hay mingitorios (en los baños de mujeres no suele haberlos).
Escucha pasos que se acercan y entra rápidamente a uno de los reservados.
El segundo problema es que (quién lo creería) los baños están exponencialmente más sucios que los de hombres.
Los pasos resuenan en el interior del baño y se detienen abruptamente. Z contiene la respiración, mitad por miedo y mitad por el olor.
Escucha cómo se abre y se cierra el reservado al lado del suyo, el zipper de una falda que se descorre, seguido por un gemido de alivio y el golpe como de costal cuando la mujer se deja caer con todo su peso sobre la taza del WC.
Z tiene que darse prisa para acabar con lo suyo y salir del baño antes de que la mujer lo haga.
Se desabrocha el cinturón tratando de no hacer ruido pero una voz lo deja congelado en su sitio. –No mames, se cayó mi pulsera.
Z se queda quieto con todos los músculos en tensión. La voz continúa –Ahh no, la dejé en la casa.
Sólo hasta entonces Z se da cuenta de que la mujer está hablando sola.
Termina de desabrocharse el pantalón y apunta a las paredes internas del escusado para que la orina no haga ruido al golpear el agua.
Pasan 10, 15, 30 segundos y nada; Z no puede orinar, está demasiado nervioso. Recuerda que de niño le pasaba lo mismo en la escuela cuando se sentía observado.
La mujer en el reservado contiguo aún mantiene su monólogo mientras Z trata de pensar en cascadas y chorros de agua.

1 comentario:

  1. woo me gusto bastante , y me recordo cuando entre al baño de hombres del jarrito hahaha me senti como la cancion de mijares solo que al reves hahaha , y si eh!! tambien he estudiado esto d elos hombres y las mujeres y cosas d ela higiene y llegue a la conclusion de que las mujeres "nos aseamos" mas frecuentemente por que somos mas olorosas que ustdes.

    viva la diferencia haha

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