epígrafe

Jesús es la respuesta
siempre y cuando
la pregunta no sea
cuál es el peso atómico del cadmio.

–Ángel Ortuño.

18 de junio de 2009

Sopa y binoculares





Para Jorge Sosa, my own personal Jesus

Cuando era niño robé una revista Playboy del closet de mi padrastro. En ella había una reseña del primer concierto de Metallica en México en el 93. Yo no sabía quienes eran, pero en la reseña los describían como “cuatro acólitos de Satán”, que vestían de cuero y escupían al público.
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En la secundaria compré mi primer disco negro, le dediqué Nothing else matters a mi novia de catorce años y me torcí el cuello varias veces haciendo head banging al compás de Don’t tread on me.
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En el 99 me quedé en casa de la abuela tocando los tres acordes que me sabía de Unforgiven en una guitarra acústica mientras mis primos iban al concierto con los boletos que habían ganado contestando una trivia en Radioactivo.
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Diez años después Jorge me lleva con el Doctor Simi para que me inyecte y pueda rockear con Metallica, gritar hasta quedarme afónico.
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En el Foro Sol hay una chica digna de mejores causas que vende tapabocas con el logo de la banda, también, por quince pesos, te pone un marco de serigrafía en la cara e imprime la estrella hecha de emes en tu frente.
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Abren con Creeping dead y yo salto y grito y miro a un Hetfield que ya no dice fuck.
Cuando llegan a Turn the page pienso en lo mucho que hemos cambiado: los cuatro acólitos del diablo ya no escupen al público ni se emborrachan con Jack Daniells en el escenario; yo ya no soy un adolescente enojado de 16 años (ja). Ya no estamos encabronados y nos va bien, ellos en programas de doce pasos, yo escribiendo comerciales.
…you know it’s sad but true.
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Esta noche pretendemos: yo agito la cabeza de un lado a otro, levanto los puños cómo amenazando a dios y Robert Trujillo pone cara de malo cuando se da cuenta de que la cámara lo está filmando.
Hetfield se ha convertido en el tio James, y el tío James sonríe y proclama desde su pantalla de leds, que México llena a Metallica de amor.
El mismo público que pasó una hora y media desgañitándose a gritos cada vez que aparecía un roadie en el escenario, ahora clama Oe oe oe oé Meta-lli-ca.

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Al final, Lars Ulrich lanza seis pares de baquetas a la multitud, todas caen en la barra de contención que divide al público del escenario.
Kirk Hammett se acerca al micrófono y dice Bueno México, yeah, Trujillo proclama que está noche fue mejor que la anterior y el tío James se despide con una sonrisa de oreja a oreja.
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Tambaleándose entre la masa de gente, una mujer sostiene una charola por encima de su cabeza y se abre paso entre los cientos de cuerpos sudados. Cuando se da cuenta de que la miro dice –Cincuenta pesos joven: Sopa y binoculares.

7 comentarios:

  1. rastas queda algo de realidad en algun lugar?

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  2. Es la mejor reseña que leí. :)

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  3. Sigo contenta con que esta vez no te hayas decepcionado o muerto a medio concierto... Pero me divierte mas la escena de ti brincando como niño pekeño cuando jorge ( osito, sonó muy informal el día de hoy)te dió los boletos.. :)

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  4. Ahora le haces publicidad a snickers????
    Beso

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  5. Que recuerdos no? digo los de las play boy.

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  6. Ja,ja,ja,ja qué nostálgica reseña, yo era más mocosa aún cuando los conocí, pero recuerdo con orgullo que mientras todos mis compañeros de clase oían algo así como a kabah, yo tarareaba Enter Sandman...

    ...toda esa infancia y adolescencia escuchando a mi hermano tocar la bateria y enseñándome a tocar se me volcaron en la garganta ese 6 de junio cuando oí por vez primera en vivo los acordes del maestro Morricone "Ecstasy of gold" ...no quedaba más, era ora de OBEDECER A LOS MAESTROS!!! I can't hardly wait...

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