En la ciudad de los tapabocas reina el miedo, huele a gel anti-bacterial.
La gente contiene la respiración en los elevadores y toser frente a alguien es como mostrarle un arma.
Afuera, los revendedores piden hasta cincuenta pesos por las mascarillas de gasa azul, la gente dice así-de-lejitos cuando le extiendes la mano y según los periódicos, las telenovelas han reducido las escenas de besos para prevenir contagios.
Este es el fin del mundo más aburrido del mundo.
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-¿Por qué siempre sales a tocar con ese sueter gris?
-Me gusta como me veo.
-Te ves ridículo.
-Lo sé.
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Por disposición oficial la ciudad está en pausa. Fotografío con el celular todos los letreros en los locales cerrados, a las hordas de enmascarados que abordan el metrobús. Colecciono folletos de la Secretaría de Salud. Mi curiosidad raya en el morbo.
Pienso en La peste de Camus y me vendo la idea de que esto es parecido.
Si mañana dicen que todo está controlado, no sé cómo volveré a mi vida.